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Crónica de una Jornada de Lectura con niños del Jarillón Comuna 6 Sector Petecuy 1. Recordando al M-19

Taller de Lectura #2
Niños y niñas del sector del Jarillón C6

Crónica de una Jornada de Lectura con niños del Jarillón Comuna 6 Sector Petecuy 1.Recordando al M-19.

“Queremos una Colombia que ofrezca y garantice vivienda digna para los que no la tienen, sin más niños ni ancianos durmiendo bajo los puentes, en las alcantarillas o expuestos a las lluvias, ni obligados a trabajar para subsistir y expuestos al vicio de la droga, la prostitución o la delincuencia, donde la mujer como el hombre tengan los mismos derechos”
Anónimo

El domingo 19 de Abril, recordándoles a los asistentes al taller los lazos de consanguinidad con aquel grupo guerrillero denominado M-19, que les brindó a nuestros fundadores la posibilidad de acompañarlos en la lucha por la supervivencia y protegerlos del desalojo por parte del Estado durante los años 1981 y 1986, llevamos a cabo la tercera jornada de Lecturas en Voz Alta. Esta vez los niños del jarillón C6, circundantes del barrio Petecuy 1 fueron los beneficiados. Niños de estrato 1 cuyos padres se dedican al reciclaje, a la venta callejera y demás oficios informales e independientes. Cabe notar que estos niños y niñas entre los 5 y 13 años carecen de una educación lectolúdica y de un acompañamiento cultural.

La jornada comenzó con una pequeña sensibilización de los niños hacia los libros y la lectura realizando preguntas frecuentes, para nosotros, no para ellos. Luz Adriana Gaviria de 12 años comenta: no, no conozco una biblioteca, sé que es un lugar donde hay libros, en mi colegio hay una pero no nos dejan entrar ni coger los libros. Mientras tanto Keverling Londoño de 5 años dice: no conozco las bibliotecas, quiero conocer una. Nos encontramos con respuestas de niños tercermundistas que no tienen un acceso a los libros, a programaciones culturales donde puedan expresar sus sentimientos, sus sueños, sus anhelos. En el fondo sabíamos que esto era peligroso, que ese espacio de las lecturas podía ser utilizado por los niños como una válvula de escape para desahogar su inconformismo con un sistema social torcido, lleno de baches culturales, y así sucedió, pero eso lo comentaremos más adelante.

Cada uno de los jóvenes de Biblioghetto nos presentamos. E iniciamos las lecturas. Nuestra compañera Angie Álvarez pasó a leerles el libro Camino a Casa de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng tocando problemáticas nuestras como el conflicto, el secuestro de personas y niños y el descuido de estos últimos en las grandes ciudades. Quedaron absortos, fue sencillamente arrolladora aquella imagen, cerca de 30 niños en completo silencio mirando las ilustraciones y escuchando a nuestra compañera.

Posteriormente reflexionamos acerca de sus vidas e hicimos analogías con muchos de ellos sobre ese desamparo que sufren en esta gran ciudad como es Cali. Nos llevamos una gran sorpresa cuando orientamos nuestras miradas hacía la entrada de la Unidad Recreativa. Un niño, Andrés David de 5 años nos hacía señas para que nos dirigiéramos hacia él. Fuimos Luis Gabriel Martínez, Promotor de Lectura, y Gustavo Andrés Gutiérrez, Director de Biblioghetto, quien escribe.
-Déjenme entrar.
-Y para dónde vas?
-Es que mis amigos están ahí en las lecturas, yo llegué tarde porque estaba trabajando en el reciclaje. ¿Me dejan entrar?
No lo pensamos. Andrés David tenía su carita sucia, al igual que toda su ropa. Sobre el rostro y parte del sus labios podía notarse varias laceraciones con rastros de sangre seca. Saludó a todos sus amigos, tal vez de andanzas, tal vez de trabajo, pero lo que era cierto es que eran sus compañeros de juego, del callejón donde viven, sus amigos de infancia, de niñez.

Las lecturas continuaron. Era mi turno. Esta vez el libro se salía de nuestra realidad. ¿Yo y mi gato?, se titulaba el libro ilustrado de Satoshi Kitamura. La historia de un niño que se convierte en gato de la noche a la mañana por el error de una bruja que le hizo un hechizo al equivocarse de casa. Muchos sonrieron, alegaron, polemizaron y contaron algunas experiencias personales con brujas. María Isabel Tello de 9 años comentó: una vez por mi casa, en el Jarillón vimos una bruja, estaba en un árbol como a las nueve de la noche, estaba allá al otro lado del Cauca (Río). La mayoría de los niños debito que tan verdad era la historia de María Isabel, otros la apoyaban y comentaban lo mismo, que en el Jarillón había una bruja.

Posteriormente dividimos los niños en 4 grupos de 7. A cada grupo le hicimos entrega de un libro. Muchos quedaron insatisfechos, pues no se justificaba que siete u ocho niños tuvieran que compartir un libro a la vez, pero la falta de apoyo nos obliga a articularnos de esta manera. A los dos libros anteriores se sumaron Elmer (el elefante) y el arco iris y El detective Chatertton. La misión era que cada grupo leyera el libro correspondiente para luego hacer una actividad.

Cuando terminaron pasamos a la cancha de asfalto y allí les enseñamos a los niños que no es necesario colores y lápices para dibujar. La experiencia quería enseñar que a base de ladrillo y un buen pedazo de calle también se podía dibujar. Los cuatro grupos debían hacer el mejor dibujo en relación al cuento o al libro que habían leído. Las imágenes muestran el amor hacia esta actividad que los niños se gozaron al máximo. Tan bacano, ayy tan chévere, jejé mirá se parece a Elkin, podíamos escuchar.

Terminada esta estrategia de lectura, pasamos de nuevo al inicio. Ahora las preguntas eran: ¿podemos bañar en la piscina? Sisisisisi… por favor, vea que nunca me he metido a una piscina. Todos continuaron preguntando lo mismo. Tocamos el tema con la Secretaria de la Unidad Recreativa Yeimi González quien nos regalo una hora para que los niños se divirtieran. Les trasladamos la noticia y una gran ola de felicidad nos bañó por completo en medio de sonrisas, gritos y correrías.

Ahora paso a contarles lo que había quedado pendiente. Todos los niños se habían ido a pegarse el chapuzón, todos menos Andrés David. Nos llamó mucho la atención pues el niño nos miraba como queriendo decir algo. Nos acercamos:
-Por qué no vas a la piscina.-pregunté-.
-No.-respondió-.
-Hagamos un trato te vamos a bañar con jabón y te metés. ¿Listo?-propuso Luis Gabriel Martínez.
El niño asintió con la cabeza. Su temor radicaba en la gran cantidad de mugre que llevaba consigo.
-Ahora que te bañemos vas a la piscina, te metés en calzoncillos con ese pantalón no porque está muy sucio.-comenté-.
-Yo no tengo calzoncillos.-respondió-.
Fue una gran sorpresa. Andrés David, de apenas 5 años no tenía interiores. Luis Gabriel lo llevó a la ducha. Con gran esfuerzo conseguimos una pantaloneta que ajustaba perfectamente en el cuerpo de Andrés David. Alegre, y en medio de una carrera larguísima se dio el chapuzón.

La hora pasó. Nos dimos a la tarea de reunir de nuevo a los niños, pero allí es donde esa válvula de escape empezó a funcionar. Los niños no querían salir, alegaban que los dejara más tiempo que ellos casi nunca tienen acceso a una piscina, que por favor comprendiera. Pero trato era trato y debíamos cumplir con la Unidad Recreativa.
Mientras eso sucedía en el interior, afuera una gran fuerza oscura hacia de la suyas. Peleas a cuchillos, robos, consumo de marihuana, alegatos, licor, rumbas, algo cotidiano en nuestro barrio al final del sábado y el comienzo del domingo. Los vecinos del sector trataron de llamar a la policía, pero fue infructuoso. Llegaron tardíamente 20 minutos después. Entre tanto seguíamos persuadiendo a los niños que en últimas, luego de dos horas accedieron a salir. Ese momento de miedo al que estamos acostumbrados, creo, fue un grito existencial del M-19 y de todos esos grandes hombres que lucharon sin tregua por una equidad social que hoy vemos no existe. Fue un grito que nos sirvió para pensar en nuestra realidad y para pedirle a Dios que no se repita la historia, esa historia que en su momento nos calificó como uno de los barrios más peligrosos del mundo.